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PUENTE

Estamos tejiendo un puente, manos unidas, en el que cada quien da un paso para acercarnos, para conocernos y conectarnos.

Verde tierra es ese puente y como todo buen puente es un lugar concurrido.

A verde tierra llegan los campesinos con sus cosechas. Con los frutos de su trabajo y de sus tierras.

Llegan los citadinos con su tecnología, con su necesidad de tejer puentes, de conectarse nuevamente a ese llamado ancestral que resuena en cada uno. Acercarse a la tierra. Recordar lo esencial de la vida: el sol, el agua, el suelo, el milagro que somos, el alimento.

Los poetas llegan con una palabra, con una imagen, con una paleta de colores y un tipo de letra, con una historia para evocar en nosotros la consciencia de lo que estamos tejiendo…

Llegan a Verde Tierra hacedores de bicicletas y amantes del pedal a recordarnos que podemos ir tejiendo con los pies una sonrisa, un encuentro, la gratitud de quien recibe y de quien da.

Llegan los conductores más amables del mundo y atraviesan el puente con sus camiones de frutas y verduras.

Están también los tejedores de canastos en cada rizo de guardilla trenzada que nos ofrecen para seguirlos tejiendo: un aguacate ahí, una remolacha, un choclo de medio lado, el huequito de la lechuga…

Llegan por supuesto las plantas con sus remedios y sus quehaceres. Maestras tejedoras de vitaminas, inventoras de nutrientes y de colores. Maravillosos seres que lentamente van jugando con el agua, con el sol, con el aire, con los vivientes del suelo, con las abejas… y que dejan en sus semillas el legado de una memoria más antigua que cualquier relato: la inteligencia de los cuerpos que nos habla y nos habita.

¿Y qué nos queda al final de este remolino de encuentros? Compartir una receta, un dato curioso, un remedio. Disfrutar con los nuestros de una cena llena de vida y de esperanza. Momentos en los que poco a poco vamos conectándonos más con nuestro campo, con nuestros agricultores y al final con nuestra Madre Tierra. Con esta antigua roca ardiente que somos, vestida de vida.

El puente sigue abierto a nuevos encuentros, a nuevos saberes y experiencias, como un llamado para todos aquellos que se atrevan a encontrar juntos la manera de convivir y prosperar en armonía con la vida…

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FINCA AGROECOLÓGICA EL VETIVER: ¡una apuesta por la vida!

Jesus Gomez

Una mañana de domingo, nos enrutamos hacia la Finca agroecológica El Vetiver, un espacio creado y pensado por una familia que un día decidió transgredir las normas y aportar en la transformación del campo y de la agricultura.  Ahí, en medio de las montañas, se encontraba ubicada la finca en el Corregimiento La Castilla, Vereda El Pinar, en Cali, Valle del Cauca. Caminos abiertos, rutas destapadas, vacas  y un trayecto aproximado de 1 h 30 desde Palmetto hasta el lugar de destino, nos regaló el viaje. 

Al llegar, Jesús Gómez, un campesino honesto y tranquilo, nos recibió en el calor de su hogar, en el espacio nos vinculamos con toda su familia, compañera e hijos los cuales llevan años en la materialización de un proyecto campesino a partir de la aplicación de la agroecología. 

Iniciamos la jornada con un breve mensaje de bienvenida, comprendimos la naturaleza del espacio, los objetivos y la historia de la misma, dejando claro que arrancaron con  dificultades y desconocimiento: aplicación de la agricultura convencional, orientada por los “expertos”   que estaban al frente en esa época, un uso  permanente de químicos y venenos hacían de la siembra algo más fácil y simple, haciéndolos creer que sin ellos no era posible cultivar. 

A partir de todo lo anterior, surgieron una serie de preguntas e interrogantes, la familia reflexionó sobre la resignificación de sus prácticas, ya que estaba en juego su salud y, sobretodo, la de sus consumidores. Para ellos y para muchas personas de la zona era normal  y desconocían las consecuencias a largo plazo en diversos ámbitos, sentían que estaban dañando muchos seres con la fumigación de cultivos  , así que emprendieron caminos que iban desde la agricultura orgánica industrial, luego a la agricultura orgánica artesanal y  finalmente lograron un punto común: a la agroecología con una intención clara de aportar  a favor de la naturaleza, una acción sentida por la preservación de la vida como eje central. El cambio fue importante y los aprendizajes muchos, casi 14 años, cero uso de químicos y una materialización de una cultura trasmitida por sus ancestros quienes nunca emplearon ni plaguicidas, ni abonos sintéticos ni pesticidas. Volver a la raíz, así me abrió el camino de la finca El Vetiver.

Estar solos, no tener apoyo de entidades  y sin los medios suficientes para trabajar en red y lograr mayor difusión, han sido algunos de los obstáculos para la familia,  sin embargo, un trabajo intenso, un ejercicio autosostenible han sido la clave para el crecimiento de los productos que allí se ofrecen, que son en su mayoría hortalizas como lechugas y otros 30 más.  Al tener como ruta la educación agroecológica dejan de lado los monocultivos; se centran en los bosques como nicho de biodiversidad y se preserva la vida.

El día en la finca El Vetiver fue lindo e intenso, tanto verde a nuestro alrededor, tanta verdad al recorrer los predios, tan belleza y sobretodo , tanta energía vital se abría ante nuestros ojos , tanto que fue imposible no agradecer por proyectos tan sentidos como ese. Don Jesús y su hijo, nos regalaron una experiencia directa con la siembra, nos brindaron sus saberes y nos reducaron a través del ejemplo. Caminamos, aprendimos, sembramos,   almorzamos, un sinfín de cosas pasaron en la visita, una experiencia regalada con voluntad y honestidad. 

Finca vetiver

De la visita, al final del día, concluimos muchas cosas, pero lo más relevante fue comprender el gran trabajo de los campesinos y campesinas en beneficio del campo colombiano, el tesoro que llevan en sus manos y en sus corazones sobre el  conocimiento sobre la tierra – la pachita mama-  la organización, la persistencia, los proyectos, tantas cosas por mejorar sus prácticas. Es claro que para Verde Tierra es importante conocer y ratificar la importancia de la sana alimentación, así que respiramos tranquilos al vivir en persona y conocer todo el enorme proceso que se genera en la finca, procesos que requieren mucho esfuerzo pero que están garantizando una  ruptura de los tradicional, una lucha antisistema, una posibilidad de aprender a vivir mejor y de comer mejor, porque es allí en esas resistencias- como la de la familia de Don Jesús- donde crecen las revoluciones, revoluciones de verde y vida! 

Conoce los productos de la finca Vetiver